Nacio en la agonía del milenio pasado y, aunque
resulte curioso, es la creación conjunta con mi
amigo y socio, Sergio Rivera, ambos ingenieros civiles
de la gloriosa Escuelade Beauchef.
En la reseción de fines de los 90 en nuestra complicada
oficina consultora, destinábamos tiempo para intentar
crear otros negocios, hacer otros proyectos, aunque fuecen
tatalmente distintos a nuestra área, la ingeniería.
Para ser honesto, fueron muchos los proyectos que desfilaron
por nuestros escri-torios, uno más interesantes
que otros y algunos bastantes ambiciosos, pero La Tabla
tuvo el mérito de salir seleccionado como el proyecto
viable con los pergaminos suficientes para convertirse
en una gran estrella.